
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Los Lagos y el Instituto Internacional de Filosofía y Estudios Sociales (IIPSS) reabrió el debate en torno al impacto territorial de la salmonicultura chilena, al plantear que el sector opera bajo una lógica de neoextractivismo costero.
La investigación, publicada en la revista científica The Extractive Industries and Society, sostiene que la industria ha desarrollado alianzas con actores locales, municipios y organizaciones territoriales que, según los autores, contribuyen a sostener su legitimidad y expansión en la macrozona sur.
El trabajo fue desarrollado por Alejandro Retamal, César Pérez y Juan Pablo Paredes, y se basó en entrevistas a pescadores, representantes de empresas salmoneras, autoridades de gobierno y fiscalizadores , además de revisión documental y análisis del discurso.
Según el estudio, estas estrategias incluyen vínculos con actores como pescadores artesanales y pequeños mitilicultores en labores asociadas a la industria, tales como buceo, aseo o gestión de residuos, así como municipios y organizaciones de la sociedad civil, especialmente tras la crisis de la marea roja de 2016.
Los investigadores sostienen que la calificación de neoextractivismo costero se fundamenta en la naturaleza del modelo salmonicultor: una actividad intensiva, orientada a mercados globales y cuya expansión, según plantean, se ha mantenido pese a sucesivas crisis sanitarias, ambientales y sociales.
Entre los antecedentes considerados por el estudio figuran el uso intensivo de antibióticos, la contaminación de fondos marinos, los escapes masivos de salmones y eventos de mortalidad registrados en los últimos años, elementos que, a juicio de los autores, evidencian tensiones estructurales entre crecimiento productivo y sustentabilidad territorial.
Junto con ello, la investigación analiza cómo la industria ha desarrollado estrategias discursivas y alianzas con distintos actores locales para sostener su legitimidad en los territorios donde opera, aspecto que los autores incorporan dentro de su lectura sobre la gobernanza costera.
El doctor Alejandro Retamal, quien lidera este estudio, indicó que la industria “logra posicionarse a través de certificadas estrategias discursivas que permiten por un lado procesar, resignificar y neutralizar sus contradicciones estructurales; en este caso materiales que tiene la industria; transformando esas no solamente ambientales, sino que también, por ejemplo, desde el punto de vista laboral, social, en oportunidades tanto de mejora y conflicto; y los conflictos en desafíos de coordinación”.
Respuesta del gremio
En respuesta a estas conclusiones, desde SalmonChile defendieron la evolución que ha tenido la industria en su relación con los territorios durante la última década.
“Aportando a esta preocupación, desarrollamos un amplio programa de vinculación y diálogo permanente con actores locales para abordar brechas, desafíos y trabajar en agendas comunes para generar valor en las regiones donde estamos presentes”, señaló Tomás Monge, gerente general de SalmonChile, en una columna de opinión publicada posteriormente.
El dirigente gremial cuestionó la lectura planteada por el estudio, señalando que existe una mirada que no incorpora los cambios que ha experimentado el sector. “Resulta desconcertante que un estudio académico ignore estos avances y presente una visión parcial y desactualizada del sector salmonicultor que hoy genera 86.000 empleos y aporta más de US$6.400 millones en exportaciones anuales”, sostuvo.
Monge agregó que iniciativas vinculadas a la pesca artesanal, comunidades indígenas, desarrollo local y espacios de diálogo sectorial forman parte del trabajo impulsado por la industria en los últimos años. Entre ellas mencionó los Diálogos para la Salmonicultura del Futuro y el Plan Salmón 2050, instancias que, a su juicio, reflejan una transformación en la relación entre el sector productivo y los territorios.

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